viernes, 26 de mayo de 2017

Crimenes y mentiras


En el triunfo y en la derrota, rebelde y contestatario o liberal y represor, el peronismo viene marcando el pulso político nacional desde su surgimiento, hace siete décadas. Vencido luego de catorce años en el poder, tiene una nueva oportunidad para revisar sus errores y encauzar su “relato” por encima del movimiento y en beneficio del país. 

Un buen paso en ese sentido sería empezar a asumir la verdad de su propia historia. Crímenes y mentiras sintetiza el resultado de una extensa y promenorizada investigación que se inicia con el surgimiento del peronismo en la década de 1940 y abarca toda la trayectoria política del líder justicialista, poniendo el foco en sus primeras presidencias. 

Hugo Gambini y Ariel Kocik revelan falsedades estadísticas y discursivas, proscripción de partidos políticos, represión al movimiento obrero y a la lucha estudiantil, aplicación de la ley de residencia contra extranjeros, abusos en las cárceles, secuestros y torturas, uso político de los recursos públicos, corrupción desmedida y tantas otras prácticas ejercidas por el peronismo en el poder. También rescatan la memoria de los hombres y las mujeres que enfrentaron las injusticias y defendieron sus ideales a costa de extraordinarios sacrificios, y dan a conocer por primera vez una lista de las víctimas fatales producidas durante la primera y la segunda presidencias de Perón. (Contratapa del libro. Sale a librerías en los primeros días de junio de 2017).

sábado, 6 de mayo de 2017

Palos en Mataderos, de Perón a Frondizi


Hemos hablado del frigorífico Lisandro de la Torre del barrio Mataderos, y de su toma en manos de trabajadores en 1959, buscando impedir su privatización. Hay mucha divulgación de esta protesta y de la represión que ordenó el gobierno de Arturo Frondizi. Muy poco se sabe de la resistencia previa del gremio de la carne. Hablamos del asunto en el libro que ya dejamos en imprenta.

La lucha obrera de 1959 fue muy valiente, como la reacción del barrio. Pero no era la primera lucha valiente de obreros de la carne. Ni el primer envío del ejército para reprimirlos. Y esto está muy olvidado. Anteriormente hubo luchas de la carne, de hecho, más sostenidas y atadas al interés gremial. Incluso más, en tiempos de Perón, también hubo palos en Mataderos.



Antes reprimieron

Las bases siempre tienen razones legítimas de lucha, pero cabe indagar un poco más sobre la raíz de los conflictos. Y en el caso de la toma de 1959, dejando de lado que hubo exceso de personal y clientelismo, investigar quiénes eran los que propiciaban el levantamiento desde afuera del gremio, con una huelga general conducida por el sindicalismo peronista.

Dentro de este último había, imposible ocultarlo, ex colaboradores de la policía (desde los tiempos en que la misma era peronista) e interventores de sindicatos. Como el ex agente policial Eustaquio Tolosa, el ex interventor José Alonso, el metalúrgico Augusto Vandor (ya denunciado como delincuente por bases de su gremio) y Abdala Balluch (cuya gente ayudó a reprimir huelgas obreras en tiempos de Perón, y también fue denunciado por delitos comunes).







Las vacas contra la policía

El matadero municipal, desde los años 1920, servía para el abasto de carne interno, dando un equilibrio frente a los pulpos extranjeros y sus precios. Supuestamente era así. Lo cierto es que, ya en tiempos de Perón, el precio de la carne subía demasiado, pero el brazo policial estaba atento. Perón tampoco quiso nacionalizar a los frigoríficos extranjeros, ni ponerlos en manos obreras, como se lo reclamaron. 

El caso de Mataderos era particular, dentro de una órbita capitalina. Los obreros dependían formalmente de una entidad municipal (intervenida por el gobierno de Perón), situación que deseaban cambiar. No pertenecían estrictamente a la Federación de la Carne que nucleaba a 130 mil trabajadores en el país, que fue la que hizo el 17 de octubre.

Curiosamente aparecen borrosos, en la historia de Mataderos, los sablazos que allí repartió un gobierno “popular”. El gobierno peronista electo en 1946 también había reprimido a los obreros del Frigorífico Municipal (luego Lisandro de la Torre) en 1948, ilegalizando la huelga y deteniendo a los delegados. Los trabajadores ocuparon el predio y se defendieron con todo, portando roldanas, palos y cuchillos. Soltaron a las vacas contra la policía (con más éxito que en 1959), voltearon la reja del frigorífico y lograron la solidaridad barrial.








De Berisso a Mataderos

Mientras los obreros de Mataderos todavía se reponían de los gases y sables en el hospital Salaberry, una noticia estalló en todos los diarios del país. Había un complot para matar a Perón, desarticulado por una "brillante pesquisa policial", que quedaría en los anales de esa fuerza (por fortuna "al servicio del pueblo"). El culpable era Cipriano Reyes. En los hechos reales, el gobierno justicialista había encarcelado y torturado a militantes laboristas y a gremialistas rebeldes vinculados, con la excusa de que complotaban. 

El "complot" contra Perón y la huelga de Mataderos ocurrieron casi al mismo tiempo. Un parte policial culpó por la protesta del frigorífico, precisamente, a Reyes y a sus amigos. Uno de los que actuaban en Mataderos era Ramón Cufré, hermano de Dardo Cufré, compañero de Reyes. Es decir, que todas las pistas llevaban a Berisso. Precisamente la detención de los delegados internos (como Cufré) había detonado el conflicto de Mataderos. Los trabajadores le dieron con todo a la policía hasta que los liberaron. 

Finalmente, la espectacular detención de Reyes y su gente mostró, a todo el mundo gremial, hasta donde estaba dispuesto a llegar el gobierno para "persuadir”. Hubo cantidad de detenciones ocultas y torturas.



Diferencias

La verdad es que nadie quería matar a Perón, ni hacerle daño. Ni en Berisso ni en Mataderos. La cuna del 17 de octubre tenía la misma bandera de siempre. Y los que fueron a la huelga en Mataderos eran votantes del Presidente, pero pedían exigían aumento de salarios, escalafón y autonomía. 

La prensa de Raúl Apold primero elogió a los trabajadores "pacíficos". Luego los acusó de comunistas al servicio del extranjero. Pronto el gobierno justicialista empezó a descabezar al conjunto del gremio de la carne, el que más había luchado para llevar a Perón al poder. 

Una diferencia entre las revueltas del '48 y del '59, es que en la primera no había intenciones de combatir al gobierno. En 1959, además de existir justos reclamos obreros, otros actores reconocieron que el objetivo era una insurrección que derribara al gobierno. Para muchos, ante el estado de cosas en el país, la ruptura total con Frondizi llevaría a un golpe militar.





Aclaración: cuentos peronistas reconstruye historias ocultas, pero toma precauciones ante las personas que se dedican al plagio. Brindamos historias simples al buen lector trabajador, no al buen mantenido, que se sirve del trabajo de otros. Una cosa es el descuido bienintencionado, otra el hurto solapado. 




domingo, 9 de abril de 2017

Ella y el criminal


Para muchos, es una santa. Samaritana e inspiradora de literatura. Lo cierto es que hoy en día, la foto de Evita abunda en las oficinas de los intelectuales, pero en los barrios populares (que ellos no suelen frecuentar) el Gauchito Gil es mucho más popular que político alguno. No negamos la santidad ni los mitos, porque es cuestión de creencias, pero en todo caso, muchos abanderados de los derechos humanos han hecho un negacionismo de las prácticas criminales de los gobiernos populares. Aquí aparece Evita junto al jefe del aparato represivo del peronismo original, culpable de torturas, crímenes y horrores, contra hombres y mujeres. El límite para los mitos es la verdad sobre los derechos humanos.


Ver:  El Laborismo, línea Cipriano Reyes, investigación de Ariel Kocik que da cuerpo al capítulo 3 del libro Laborismo (Capital Intelectual, 2014) de Santiago Senén González, con epílogo de Juan Carlos Torre).

martes, 21 de marzo de 2017

Gabo y Malvinas


"Hace un año, como la inmensa mayoría de los latinoamericanos, expresé mi solidaridad con Argentina en sus propósitos de recuperación de las islas Malvinas, pero fui muy explícito en el sentido de que esa solidaridad no podía entenderse como un olvido de la barbarie de sus gobernantes. Muchos argentinos, e inclusive algunos amigos personales, no entendieron bien esta distinción. Confío, sin embargo, en que el recuerdo de los hechos inconcebibles de aquella guerra chapucera nos ayude a entendernos mejor. Por eso me ha parecido que no era superfluo preguntar otra vez y mil veces más -junto a las madres de la plaza de Mayo- dónde están los 8.000, los 10.000, los 15.000 desaparecidos de la década anterior." Así se expresaba Gabriel García Márquez el 6 de abril de 1983.

viernes, 17 de febrero de 2017

La sonrisa peronista y la violencia


En los últimos días se avivó una polémica mediática sobre “el último Perón”. Al volver al país en los años 1970, el líder del justicialismo, ¿era el mismo que desde el gobierno en los años 1950 anunciaba el reparto de alambre para colgar a los "traidores"? ¿o era otro, bajo una metamorfosis y una nueva luz pacificadora? Finalmente, ¿era un conciliador democrático que abrazaba adversarios, un líder revolucionario o un frío militar dispuesto a ejercer el terror? ¿De qué modo se lo retrata mejor? Sin cerrar el debate, aportamos una imagen reveladora.

En los años 1950, los hermanos Juan Carlos y Luis Amadeo Cardoso eran dos famosos torturadores policiales, que desgarraron a infinidad de ciudadanos. En 1955 ambos se refugiaron en Paraguay, al amparo de la dictadura del general Alfredo Stroessner. En la primera foto aparece el general Perón estrechando las manos de ambos verdugos -cuando visitó Paraguay en 1972- con la misma sonrisa con que recibía a los jóvenes de izquierda.


Si Perón estaba arrepentido de las torturas de sus primeros dos gobiernos, no lo demuestra en aquélla fotografía, rescatada por Hugo Gambini (con quien trabajamos sobre el tema). Mientras tanto, en la Argentina, muchos postulaban al viejo "Bill de Caledonia" como líder de una revolución socialista. Y hoy, nuevamente, como un león de la unión nacional.

Sin embargo, el peronismo del siglo XXI no debería sonreír ante la tortura, como lo hizo su líder y los acólitos que lo rodean en este ignorado instante de los años setenta, que anticipa muchas cosas que sucederían.

viernes, 23 de diciembre de 2016

El encanto de la policía política (III)


(Viene de El encanto) El civil Galo Plaza Lasso, poco recordado presidente democrático de Ecuador, quien hizo equilibrio contra generales latinoamericanos, como Odría en el Perú, o Perón en la Argentina, al evitar un golpe de Estado en su país expresó: “El pueblo ecuatoriano  y sus fuerzas armadas están convencidos de que no existen soluciones mágicas… y que la batalla contra la miseria no se gana ni con las palabras de los falsos apóstoles, ni con la aventura cobarde de los atentados y los cuartelazos”. Un célebre escritor de entonces lo rescataba. Las universidades no habían sido ganadas, aún, por un desprecio a la democracia.

Este tipo de presidentes, como podría ser Illia en la Argentina, que no cacarean ni hacen propaganda fascista, nunca atrajo la emoción fragotera o la imaginación de café. El liberal Galo Plaza hablaba quechua de par a par con los indios, en tanto algunos caudillos bocones vivieron como reyes, encanaron homosexuales y fusilaron nativos humildes. Por su parte, el doctor Illia curaba pobres entre los ranchos, vivía en piezas y hablaba con calma serrana. Muchos opinólogos que ayudaron a tumbarlo, después lloraron con el dictador Onganía.



Ocasionalmente, estos mandatarios también ejercieron la represión con la ley en la mano, jaqueados por intereses antidemocráticos, y esto ha sido explotado por quienes creen en una represión mucho mayor, sin límites legales. Se sabe, para quienes "defienden" los derechos humanos olvidando a las víctimas más humildes, es válido el fusilamiento, la corrupción o el cuento de quienes toman por asalto al Estado de derecho.


No hay modo de simular que la izquierda paqueta (aspirante a peronista, con modales de oligarca hippie) tiene una gran responsabilidad en la crisis y la pobreza de la Argentina -cuyo casi pleno empleo de los años 1960 hoy es una utopía para todos-, por ser aduladora de la fuerza más conservadora del país, que no solo es el  ex menemismo bonaerense.

Claro que entre la izquierda hubo gente que, como Pedro Chiarante, comunista de Pompeya, dedicó su vida modesta a un sueño de sociedad justa, si bien invocaban, hoy lo sabemos, a un estado totalitario. Muchos militantes imaginarios de hoy, no heredaron ni la humildad ni el sacrificio de esos luchadores.

martes, 20 de diciembre de 2016

La fuente


El material de Cuentos peronistas es consultado por historiadores, periodistas y divulgadores, de variadas ideologías y tiendas, que lo integran a sus publicaciones, con suma confianza en el contenido original. Gente de izquierda, kirchneristas, antikirchneristas, toman los datos y el análisis de este portal que, con lujo de textualidad, se convierte en páginas editadas por Planeta (y otras). Más de uno tuvo que tuvo que pagar cuando no lo hizo del modo debido. Pero lo importante es que se introduzcan variantes a relatos monocordes.


El buen lector puede pegarse una vuelta por El Ateneo y ver, por ejemplo, lo que dice el reciente libro La década saKeada de Fernando Iglesias, sobre los represores peronistas, como Lombilla, Wassserman y Pettinato, sus atropellos contra sindicalistas laboristas, las condecoraciones presidenciales a los verdugos, los premios de los Kirchner a dichos represores con el aval del juez Raúl Zaffaroni, y otras cuestiones referidas a la represión del ignorado ciclo peronista original, intentando vincularlas a temas actuales, pues en Formosa se siguió matando hasta hoy, como en otros lugares del país. La fuente está aquí (www.cuentosperonistas.com)  


Este sitio se ha convertido en una suerte de agencia de noticias de historia política argentina oculta. Una trama esta última, cuyas claves contienen más información que la realidad mediocre dispersa, esos recortes de actualidad que muchos llevan y traen, haciendo mandados a los intereses en juego. No es que no pasen cosas interesantes, sino que los medios venden otra cosa. La histeria del debate político, y la desinformación llena de vértigo, impide reflexionar sobre los hechos, hilarlos y conectarlos con una Argentina diferente.