martes, 22 de mayo de 2012

Recuerdos marítimos



"El movimiento obrero argentino era la avanzada sindical del continente. Pero la CGT, puntal de la dictadura, fue el negro borrón que cubrió de vergüenza a ese movimiento. Es la triste y cruel verdad de la era llamada pomposamente ‘justicialista’… El resultado: persecuciones, encarcelamientos, crímenes, latrocinios y finalmente el desastre económico, político y social… Que se registren los bolsillos de toda la burocracia cegetista. En cada uno de ellos aparece una caja fuerte como la del millonario justicialista (Eduardo) Vuletich". Tal fue el testimonio de Antonio Aguilar al derrumbarse el segundo gobierno de Perón. (Por su parte, el aludido Eduardo Vuletich no negó tener 90 medallas de oro y un millón de pesos en el Banco Provincia en 1955).




Dirigente marítimo desde 1915, Aguilar había sido fundador de la Confederación General del Trabajo (CGT) en 1930, junto a dirigentes como José Domenech y Luis Francisco Gay. Aguilar bregó por la unidad de la Federación Obrera Marítima con los compañeros peronistas de la Unión Obrera Marítima en 1946. L
a UOM oficialista intentó unirse a la federación de Aguilar en 1948. Dos agentes de la empresa Dodero, Laureano Fariña y Raúl Petelú, ocuparon con auxilio policial el local sindical de Almirante Brown 768, señala el historiador Torcuato Di Tella. Aguilar fue depuesto y cesanteado en 1950 cuando la CGT oficial intervino a la federación. Entonces una huelga marítima paró a muchos puertos del país. 



Este es el relato del dirigente Manuel Gallardo"Las cárceles comenzaron a llenarse de compañeros, se prohibieron nuestras asambleas y se llegó, incluso, a la infame actitud de amenazar a los obreros extranjeros –con muchos años de residencia en el país y familia argentina- con la pena de la deportación, la famosa ley de residencia 4144. Cuando fue quebrado el movimiento, muchos dirigentes y afiliados activistas no pudieron embarcarse por lapsos que se prolongaron durante dos o tres años, y otros, como el capitán Mason y yo mismo, no pudimos volver a pisar la cubierta de una nave." Los maquinistas navales trabajaron en talleres mecánicos y oficinas para sobrevivir. La amenaza de la ley de residencia pesó sobre 78 marinos griegos detenidos en el hotel de inmigrantes.