sábado, 9 de marzo de 2013

Martin Bormann en Buenos Aires


El mundo aceptó que los principales jefes de Alemania nazi murieron en 1945. La llegada de gente y de mucho dinero a las costas argentinas, procedente de lugares como Bavaria o Berlín, ha sabido recoger silencios. Pero hay testimonios. Así como Portugal trasladó su corona a Río de Janeiro durante la invasión de Napoleón, e Inglaterra planeó un desembarco en el norte de América en caso de una invasión de Hitler, Alemania planeó salvaguardar fortunas en el río de la Plata, al estimar que la guerra mundial cambiaba su curso. El gobierno militar argentino, surgido el 4 de junio de 1943, tenía buenas relaciones con el nazismo, aun después de Stalingrado y del avance final de los aliados. Hombres como Juan Pistarini fueron condecorados en Alemania. El comisario retirado Jorge Silvio Adeodato Colotto, custodio de Perón desde 1951, dio un testimonio novelesco sobre el tema. Vinculado al comisario Alberto Villar y a José López Rega, fue denunciado por Página 12 como defensor de la última represión (1976). 



En realidad, estaba vinculado al tema desde antes. Sabía que la actual comisaría octava fue un centro de terror en años de Perón y de Borlenghi, como también la séptima del barrio norte. (1) Colotto hablaba del asunto, hasta que una "norma" del gobierno lo invitó al silencio. Antes había accedido a contarles a Simon Dunstan y Gerrard Williams, sin más rodeos, que presenció reuniones entre Juan Perón y el nazi Martin Bormann (acompañante de Hitler en el búnker de Berlín, donde desapareciera). Según Colotto, un encuentro fue en la primavera de 1953, en el misterioso departamento del barrio Belgrano que el banquero Ludwig Freude le regalara a Evita en 1945. En la versión de Colotto, Perón le avisó que llegaría puntual un visitante alemán. Perón y Bormann se trataron “como viejos amigos” durante dos horas, pese a que el visitante no hablaba un buen español. El presidente argentino recibió un "pequeño y valioso regalo". En la casa también estaban el ayudante Calógero y la cocinera Francisca. Bormann también asistiría al Círculo Militar, en la plaza San Martín, sin ser molestado por la vecina Cancillería. Las palabras de Colotto constan en un libro publicado por Dunstan y Williams.


1) Testimonio para el autor.

Ver: Extranjeros "indeseables" en la Argentina