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jueves, 21 de noviembre de 2013

Un mártir obrero y radical


En la escuela enseñan otra cosa, pero el terrorismo de Estado es muy viejo. Al alba del peronismo, años cuarenta, Américo Romero era un militante del sindicato de la madera y del radicalismo. Su gremio fue intervenidoEduardo Seijo, líder maderero legítimo, fue secuestrado y deportado a Chile. Lo reemplazó el peronista Graciano Fernández. La delación quedaba instaurada, en nombre de la justicia social

Un día el radical Romero quiso defender a un compañero comunista. Graciano Fernández lo entregó a la policía federal. El comisario Miguel Gamboa ordenó los castigos. Romero sería perseguido, torturado y castigado por diez años de gobierno justicialista. Muchas veces lo secuestraron, lo torturaron, lo dejaron en las vías, en un basural cubierto de sangre, en cárceles y hospitales con la salud muy dañada. Intentó matarse en una comisaría. 

Alberto Lovell


 Vivió para contarla: “Cuando el 'llorón' Wasserman hizo detener a Cipriano Reyes y a sus amigos, yo tuve la desgracia de caer en manos de la Sección Especial. Había escuchado hablar de ella, pero nunca pensé que pudiera reunir a 150 personas tan perversas. Lombilla, Amoresano, Alberto Lovell y otros me arrancaron la dentadura y me tuvieron dos días estaqueado en una mesa, aplicándome la picana eléctrica.” 

Señaló que “Alberto Lovell era el que pegaba más fuerte”. Romero se refería al boxeador de peso completo usado por el régimen de Perón. Esa había sido su primera caída. Lo esperaban nueve años de cruenta persecución. Su delito era ser trabajador y ser radical. Gente que no vivió ni el diez por ciento de las penurias de este hombre, se considera "perseguida" y recibe dinero del Estado, como si hubiera combatido en Chacabuco y Maipú.