lunes, 26 de mayo de 2014

Elogio del embajador


El café de izquierda ha imaginado una historia, donde condena el golpe de Uriburu y sus torturas, pero acepta lo mismo de otros gobiernos. De cada tema se hizo ficción. En un país de cuchillos y vacas, también se armó un relato sobre el campo y el matadero. Se dramatizó la década infame de 1930, el problema de las carnes, el senador De La Torre y su colega Bordabehere, asesinado en el recinto. Después vino la felicidad, cuando Perón plantó bandera en el frigorífico. Y la carne fue argentina. Así lo contaron.



No pensaban lo mismo los gerentes yanquis. Perón exageró la pelea con el embajador Spruille Braden. En 1946 la relación con los Estados Unidos mejoró. Después de haber apostado mal en la segunda guerra, convenía moderarse. Un sucesor de Braden, el embajador norteamericano Stanton Griffis, resumió en 1950: “Puede ser muy útil pasar revista a los sólidos progresos en la cooperación económica entre la Argentina y Estados Unidos durante mi estada en Buenos Aires. El más importante ha sido un convenio a favor de los frigoríficos norteamericanos que resuelve un problema financiero planteado hace más de cuatro años. El acuerdo garantiza a los frigoríficos que operan en la Argentina la obtención de justos beneficios.” 


El  problema financiero eran las conquistas del gremio de la carne, que marcaron el origen del movimiento social, de cuño laborista. Cipriano Reyes dio su versión: “La ‘resolución Mercante de 1949´ fue el más bochornoso atentado a las conquistas que debieron soportar los trabajadores de la carne. Por ella se perdieron las más importantes conquistas". Se refería a la garantía horaria, la ley de insalubridad y otras. Otro informe del embajador Stanton Griffis* señala que Perón esperaba créditos de los Estados Unidos, a cambio de su apoyo para una nueva guerra mundial. 






*Testimonio Hugo Gambini.

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