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jueves, 26 de junio de 2014

Fusilados en Córdoba



Córdoba recuerda los fusilamientos del patriota Juan José Castelli, por la revolución de Buenos Aires. Una víctima fue Santiago Liniers, héroe de las invasiones inglesas, vuelto contra la junta de Mayo. Lo mataron cerca de la posta de Cabeza de Tigre en 1810. La historia aceptó esos disparos. Otros tiros fueron imperdonables. Y otros más, desconocidos. Sería extraño hablar de fusilados en Córdoba en tiempos de Juan Perón y Eduardo Lonardi. Pero los hechos que siguen, ocurrieron. 


El periodista Rodolfo Pandolfi dejó su testimonio que permite salvarlos. El 18 de setiembre de 1955, fue interceptado en Cosquín el auto en que viajaban Juan Carlos Roque Posse y su hija Beatriz, esposa del capitán Efraín Arruabarrena. Provenían de la localidad Icho Cruz, cerca del lago de Villa Carlos Paz. El esposo de Beatriz había muerto en un combate por la revolución, proclamda por el general Eduardo Lonardi, con gran apoyo civil en Alta Córdoba. El capitán Arruaberrena cayó al acercarse a la Escuela de Infantería, con los tenientes Julio Fernández Torres, Alfredo Viola Dellepiane y otros dos soldados.



Una familia radical

La escuela militar estaba al mando del coronel Guillermo Brizuela, leal al gobierno de Perón. El único sobreviviente, Fernández Torres, afirmó: “murieron Arruabarrena, Viola y uno de los soldados, casi totalmente decapitado”. El otro soldado murió antes de ser atendido. Junto a Roque Posse y su hija iban más personas, como Marcelo Amuchástegui, Teresa Pitt y Miguel Ángel Cárrega Nuñez. Intentaban alejarse del centro, cuando la policía cordobesa los paró y les preguntó si estaban con los rebeldes. Eran parientes de gente involucrada. Les tiraron a quemarropa, pese a los gritos que imploraban piedad. Beatriz intentó proteger a su pequeño hijo Mario Amadeo, de siete meses. Los asesinos mataron a la criatura. La madre fue gravemente herida.


Juan Carlos Roque Posse fue directamente fusilado. Miguel Ángel Cárrega Nuñez les gritó a los policías que eran unos cobardes y resultó muerto a tiros. Teresa Pitt quedó herida de dos balazos. Rodolfo Pandolfi denunció “el fusilamiento de diez miembros de la familia radical Arruabarrena en setiembre de 1955”. La violencia se había desbordado. La última escalada eran las bombas opositoras en la Plaza de Mayo, la venganza peronista con el incendio de sedes políticas y una ola de torturas, la represión a la huelga metalúrgica, el ataque aeronaval contra la Casa Rosada, el incendio de templos religiosos y el llamado presidencial al crimen entre civiles, cerrando casi la pacificación.