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martes, 5 de septiembre de 2017

Un último secuestro, el de la verdad



La desaparición de Santiago Maldonado impone el reclamo por la víctima y el castigo a los responsables de lo que surge como atropello de las fuerzas de seguridad del Estado. La historia de este país y los hechos llevan a denunciarlo así, aun cuando el panorama no esté del todo claro. Si no fuera exacto y estuviéramos errados, se podría esclarecer cómo fue, y no lo están haciendo.

También urge integrar este reclamo a previos casos de represión impune, algunos con causas políticas y otros no. En las últimas décadas hubo decenas de víctimas y un error común ha sido vestir oficialismos que clausuran la solidaridad. Todos saben que la dictadura de 1976 desapareció a miles de personas, pero la represión bajo otros gobiernos, elegidos o no, no está muy aclarada. 

Desde la etapa conservadora en que se oprimió a los pueblos nativos, hasta el peronismo clásico en que se hizo algo parecido aunque se lo ignora, llegando al reciente kirchnerismo cuando también se asesinó indígenas –incluso se desapareció a un trabajador frutero, Daniel Solano, en Río Negro, entre otras víctimas- hasta los recientes hechos de Chubut que hacen hablar del “primer desaparecido” del actual gobierno de Mauricio Macri, sigue habiendo ocultamientos y faltando respuestas.

Tampoco tiene la verdad, o al menos no del todo, una reacción callejera que denuncia crudamente el orden injusto (menos injusto que una dictadura), ya que por un lado se pide garantías al Estado de derecho, y por otro lado se llama a combatirlo. En el caldo violento ingenuo siempre hubo cosechas de un interés reaccionario que no trajo bienestar popular.

Una pregunta es si una gran parte de la sociedad desprecia al orden democrático constitucional. Si es así, cuáles son las variantes posibles, si es que existen. La democracia no ha garantizado la integridad y los derechos de los más humildes, aunque tampoco la han dejado funcionar. Y otro interrogante, ¿está dispuesto cada sector a responder, por ejemplo, sobre los crímenes y desapariciones que hubo bajo gobiernos “populares” de mano dura que gozan de estima en muchos grupos sociales y en el mundo educativo? Allí también hubo complicidades, y el silencio es salud.


Esa fue la historia del siglo veinte, la de ideologías que justificaron las pérdidas de vidas y el crimen de la verdad. La extorsión emocional y el fragote político fueron ventajosos, pero también pasto de tiranías. Aún no se vislumbró una fórmula para una defensa integral de los derechos humanos, que incluya el sinceramiento de todos los descontentos. El reclamo urgente no tiene por qué despreciar lo bueno que se logró en 1983, aunque falte mucho por hacer.