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lunes, 13 de noviembre de 2017

Hecha la ley



Recientemente, para el portal Infobae, se nos se nos consulta sobre las leyes y la política laboral del peronismo. En el textual de la nota firmada por Claudia Peiró puede leerse:

"En la etapa de acercamiento de Perón a los obreros, que es la de la dictadura, del 43 al 45, hubo sí un favorecimiento a los sindicatos -dice Ariel Kocik, coautor, junto a Hugo Gambini del libro Crímenes y mentiras. Las prácticas oscuras de Perón (Sudamericana, 2017)-. Pero una vez que asume la presidencia y hasta el 55, la aplicación efectiva de esos logros y de esas leyes hay que ponerla entre comillas. En la primera etapa, él favorecía la resolución de los conflictos y trataba de fallar a favor de los obreros, sobre todo de los que estaban menos organizados; eso fue así podemos decir que hasta el 48. Pero ya en el segundo gobierno de Perón, la propia CGT llamaba a trabajar el sábado para ayudar al gobierno. Con la crisis económica, se empieza a borrar con el codo lo que se había hecho. Hay una etapa inicial que se presenta como de fiesta o de bonanza social y de otorgamientos, de conquistas, pero muy rápido empieza la represión. Ahí comienza a hacer agua el gobierno entre la metodología y la realidad. De hecho se produce una enorme represión contra las huelgas a partir del 48".


Luego queda señalado que muchas leyes laborales ya existían, y que Perón acertó en el atendimiento de reclamos, arbitrajes y conciliaciones para ciertos gremios, creando además el Instituto Nacional de Remuneraciones y sancionando la conocida ley de asociaciones profesionales (todavía bajo el régimen militar de 1945), que dio poder a la CGT, si bien bajo una tutela política.

"Todo aquel que aceptaba ponerse bajo el registro de la Secretaria de Trabajo podía ser beneficiado. La contracara era que se dictaban leyes represivas, por ejemplo una que permitía romper una huelga inmediatamente si no estaba autorizada por el Estado, por el órgano competente, que era la Secretaría de Trabajo. O sea, hay una ayuda concreta pero al mismo tiempo hay un sometimiento claro", concluye Kocik.

La mayoría de las leyes laborales ya existían, es cierto. En otro orden, complementario y necesario, no se habla demasiado del entramado represivo, en el cual el peronismo produjo todavía más legislación. La militarización de la sociedad, admirada por Perón (era parte de la doctrina de las naciones derrotadas en la segunda guerra mundial), quedó estructurada, de modo nada improvisado, en un conjunto de pilares legales que apuntaban a mejorar la productividad y “resolver” conflictos obreros. El Poder Ejecutivo tenía facultades especiales para ello. Llegó a incluirse la pena capital como amenaza. No se usó la ley para fusilar a nadie; en cambio, se fusiló fuera de toda ley a cientos de humildes que no estaban protegidos por la CGT, ni por sindicato alguno. Por cierto, muchas herramientas que sirvieron para reprimir al propio peronismo después de 1955, habían sido dictadas durante el propio gobierno de Perón. Así lo marcamos en Crímenes y mentiras.